La historia se articula en base a polos opuestos y enfoques radicales, arraigados en la propia y fascinante personalidad de la autora, Madeleine L’Engle, apasionada por el mundo científico, pero a su vez, profundamente religiosa, episcopaliana, al punto de concebir a Dios como lo infinito.

Dirigida por Ava Du Vernay a partir de un guión de Jennifer Lee, y basada en la novela publicada en  1962, bajo el nombre “A wrinkle in time”, de L’Engle, la película está protagonizada destaca por un reparto encabezado nada más y nada menos que por OprahWinfrey, Reese Witherspoon, Mindy Kalign, Gugu Mbatha-Raw, Zach Galifianakis y Chris Pine.

Después de ver las recientes apuestas de Disney al sci fi, a lo tecnológico, superhéroes, animaciones, que van in crescendo por las recientes adquisiciones del gigante Disney, esta película luce como una arriesgada apuesta. El inicio es un cercano y muy claro mensaje de su directora, Ava DuVernay, invitando a soltarnos a este viaje fantástico y explicando que el film se dirige especialmente a niños de 8 a 12 años de edad, cosa que se entiende luego de verla. Sin embargo, luego de resulta un poco densa para esa audiencia objetivo tan joven, y a su vez un poco edulcorada para la nueva generación de adolescentes.

Lo visual parece absorber el resto, porque si bien la historia se presenta sólida y envolvente, cuando llega el momento del desenlace en el que la conjunción de la magia y la ciencia chocan y ocurre lo que se espera, resulta flojo y poco estimulante.

Sin duda, el mensaje es aleccionador,  centrado en la fuerza del amor, el trabajo incesante en la búsqueda de la verdad, la autoconfianza, la unión familiar y, el ingrediente innovador: el empoderamiento femenino, desde la madre que continúo en sus labores científicas, pero levantando a sus hijos; la adolescente que se esfuerza por ser una destacada estudiante y llevar las riendas en la búsqueda de su padre; y las tres exageradas hadas que, resumidas en una imponente Oprah con un maquillaje y vestuario impecables, no dejan que la vista se aleje de la gran pantalla.

Lo visual cobra tanto impacto que no resulta sencillo seguir la trama, sin dejar de lado las imágenes o el viaje físico y emocional de la protagonista. Efectivamente la audiencia de 8 a 12 años quedará hipnotizada por el largo, pero colorido relato, sin llegar a ser especialmente aburrida.

Un viaje en el tiempo es una historia de valores, de lucha por la verdad y por la unión; con muchísimo color y actuaciones ligeramente exageradas propias del cine fantástico, para niños.