Hasta el año pasado, el mundo d ellos procesadores de sobremesa era un océano azul… no porque haya sido alguna vez un mar de oportunidades, sino porque estaba dominado, de forma indiscutible, por Intel. Prácticamente, 9 de cada 10 procesadores (podrían ser 10 de cada 10 si redondeamos hacia arriba) en nuestros computadores de escritorio y portátiles eran fabricados por el equipo azul del gigante de silicio. Intel estaba en una posición de dominio muy cómoda, la oferta de procesadores era estándar y se veía cierta relajación a la hora de hacer los avances más significativos, como saltar de procesos de fabricación de 14 nanómetros a 10 nanómetros. Tampoco se molestaron mucho en ofrecer procesadores con más núcleos al consumidor común, aunque los procesadores Xenon (la línea más profesional) llegaban hasta 18 núcleos, la línea Core no pasaba de 6 porque, sencillamente, “no hacía falta”.

Eso comenzó a cambiar en diciembre de 2016 cuando AMD, el fabricante del procesador restante en nuestro “universo” estadístico de 10, anunció su nueva arquitectura Zen y, con ella, una nueva línea de procesadores llamada Ryzen, lanzados al mercado desde febrero de 2017. Copiando con poco decoro la escala numérica de la línea Core de Intel, el Ryzen 7, su procesador de tope de gama para consumidor, ofrecía un poder de procesamiento basado en ocho núcleos físicos y 16 hilos (colas de procesos para optimización del procesamiento) a un precio mucho más competitivo que el Core i7, de seis núcleos y 12 hilos. De paso, AMD, que también desarrolla procesadores gráficos, ofrece al mercado lo que ellos llaman APU (Unidad de Procesamiento Acelerado, por sus siglas en inglés), que integra un CPU y un GPU dentro del mismo chip, convirtiéndose en una solución para quienes quieren un equipo de escritorio completo, con una capacidad gráfica decente, pero no necesitan una tarjeta gráfica dedicada (y menos cuando la burbuja de la minería de criptomonedas estaba en su punto más alto y los precios de las tarjetas gráficas estaban por las nubes). El clímax de esta historia lo tuvimos el pasado 5 de noviembre, cuando AMD anuncia sus procesadores Epyc, para datacenter y procesamientos de Big Data, basados en la arquitectura Zen 2, con más instrucciones por ciclo y, más importante, una fabricación en 7 nanómetros.

Sí, es un preámbulo largo, pero necesario para explicar la noticia que reporta El Chapuzas Informático sobre el equipo azul: Los próximos procesadores de Intel, los Comet Lake-S, mantendrán la fabricación en 14 nanómetros, pero aumentarán el número de núcleos a 10 y está estudiando un diseño de interconexión de bus en forma de anillo doble que permitiría la inclusión de más núcleos en su arquitectura.

Esto, en el papel, suena muy bien, pues la latencia entre núcleos de los procesadores del equipo azul ha sido más baja que la de los competidores. Pero este tipo de ampliación de cantidad de núcleos tiene implicaciones serias, sobre todo, en el tema de la refrigeración y ya hemos visto temas de “estrangulamiento” térmico en los procesadores Core i9 (más notable en los MacBook Pro con este procesador). Mantener un procesador con esas características corriendo a temperaturas correctas sería un trabajo arduo de equilibrio que, para los entusiastas, involucraría sistemas integrados (AIO) de refrigeración con líquido o algún mecanismo semejante.

La otra implicación, y la más notoria para el consumidor final, sería el precio de estos nuevos procesadores. Ya la diferencia entre los procesadores Intel y los AMD es importante, abultarla más podría ser contraproducente para el equipo azul, pues el equipo rojo está jugando muy competitivamente.

Así pues, quienes terminamos ganando con este resurgimiento de AMD somos los consumidores, especialmente los entusiastas que disfrutamos armar nuestros propios equipos (aunque, personalmente, tenga tiempo sin hacerlo). Al abrirse la competencia nuevamente, quienes estaban en posiciones relativamente cómodas empiezan a moverse como nunca antes para ofrecer más opciones y no perder su posición. En fin, el equipo rojo movió a la industria… y el cambio sienta bien.