En los ultimos años, los autos eléctricos han sido considerados como una alternativa ecológica frente a los vehículos que consumen gasolina, pero se suele subestimar el daño al medioambiente que produce la manufactura de estos y sus efectos a corto y largo plazo en las comunidades que viven cerca de las mineras de níquel

Las baterías de litio utilizadas en los autos eléctricos necesitan de un elemento químico llamado níquel que se extrae de la superficie de la tierra a través de un proceso de excavación que daña el ecosistema en el que se desarrolla. Con la demanda de níquel aumentando de manera exponencial en los últimos años -de la mano del aumento de la demanda de autos híbridos y eléctricos- las mineras de esta industria están buscando expandir su área de extracción.

Esto preocupa a las comunidades que viven en las inmediaciones de estas empresas y plantea el interrogante de si los beneficios ambientales que supone la adopción de vehículos eléctricos son más que las consecuencias producidas por la extracción de níquel.

En Filipinas, en la provincia de Palawan, una comunidad de granjeros y de miembros de la tribu indígena de Palawan dependen casi exclusivamente de su producción agrícola y viven de sus tierras hace décadas. Pero ahora, su bienestar está siendo amenazado por la expansión de una minera que trabaja en el bosque que bordea a la aldea. Nickel Asia, la empresa minera filipina en cuestión, fue habilitada para extraer en un área de alrededor de 1000 hectáreas de la selva y está a punto de sumar otras 2500 hectáreas a su actual huella, según informa el medio NBC News.

Esto pone en peligro la supervivencia del ecosistema del bosque y aumentaría aún más el flujo de desechos tóxicos que desemboca en los ríos que pasan por las aldeas y son vitales para la agricultura.