Es inevitable dar la vuelta cuando se nos presentan grandes aventuras, batallas y mundos, pensemos en películas como El Señor De Los Anillos, El Hobbit, Warcraft o Matrix, donde vemos una civilización que sufre ante una amenaza improbable.

Para esta ocasión, nos aventuramos en un futuro donde la civilización fue destruida, todo desde la perspectiva de la galardonada saga de libros de Philip Reeve, publicada en 2001 por Scholastic. 

¿Y que pasa aquí? ¿Que la hace diferente? bajo un mecanismo casi imperialista, ciudades en movimiento atacan a ciudades más pequeñas buscando apoderarse de ellas.

Y los héroes que salvan el día por supuesto, encajan bajo los perfiles del hombre tímido y mujer peligrosa, Tom Natsworthy (Robert Sheehan), un historiador con un alto sentido de curiosidad se aventura en la lucha por sobrevivir junto a Hester Shaw (Hera Hilmar), buscando cambiar el curso de la historia.

Y a pesar de tener todos los elementos característicos para triunfar, la crítica concordó en una sola cosa, no hubo suficiente combustible narrativo para dar a esta fantasía futurista suficiente combustión cinemática.

Visualmente, es un filme fuerte y propulsivo, pero emocionalmente es increíblemente ligera. 

Y una de las cosas que evidenció el lamentable fracaso de la película fue su puntaje en la taquilla, pues en taquilla doméstica recaudó menos de lo que costó su proyecto, es decir alrededor de 100 millones de dólares.

Otra de las cosas que quizás opaco su brillo, fue la mala decisión a la hora de estrenarse, puesto que Mortal Engines llegó durante la semana en la cual El Grinch o Ralph Rompe Internet se encontraba triunfando, claramente los estrenos siguieron trayendo más malas noticias, puesto que se vio opacada por la sombra de los titanes: Aquaman y por supuesto, Spider-Man: Un nuevo universo.

Pese a no ser la mejor película de Peter Jackson, igualmente conserva puntos rescatables y positivos que podrían posicionarla como un decente filme de fantasía.