El Mundial de Rusia 2018 ya tiene a uno de los ocupantes del podio definitivo: Bélgica.

Los “Diablos Rojos”, mostrando nuevamente un fútbol de calidad y efectividad, derrotaron 2-0 a Inglaterra en el partido por el tercer puesto de la Copa del Mundo, logrando así su mejor actuación histórica en este tipo de competiciones.

Goles de Thomas Meunier y Eden Hazard permitieron al cuadro belga colgarse le medalla de bronce en San Petersburgo, antes del plato fuerte de este domingo cuando Francia y Croacia choquen en Moscú para definir al campeón del planeta.

El último lugar en el podio del Mundial generalmente deja sabor a poco, aunque para Bélgica tuvo el incentivo de superar el cuarto puesto que logró en México-1986 con una gran generación integrada por Enzo Scifo, Jan Ceulemans y Jean-Marie Pfaff.

GOLPES CERTEROS

Bélgica salió a por todas. Su presión se tradujo rápidamente en el gol de Meunier, que le ganó la partida a Danny Rose y remató el centro de Nacer Chadli.

Los rojos dominaban y disfrutaban con el balón en los pies. Parecían decididos a ampliar la ventaja, pero Inglaterra fue recuperando poco a poco la compostura y neutralizó el juego incisivo de los belgas conforme avanzaba la primera mitad.

Los hombres de Gareth Southgate apretaron los dientes y se adueñaron de la pelota en el tramo final del primer acto y en los primeros compases del segundo, periodos en los que encontraron algunos espacios en tres cuartos de cancha. Si bien no generaron demasiadas ocasiones, los ingleses sí parecían más cerca del gol. En cualquier caso, la amenaza de Bélgica al contragolpe siempre estuvo latente.

Toby Alderweireld despejó sobre la línea de gol un remate picado de Eric Dier, en lo que fue la mejor ocasión del encuentro.

Sin embargo, Hazard selló el bronce para los suyos a la contra. Kevin de Bruyne le brindó una magnífica asistencia y el capitán belga demostró su sangre fría con un potente remate.

Inglaterra no pudo sacudir su modorra con los éxitos y se quedó con el cuarto lugar, igual que en Italia-1990. Sabor a poco para el país campeón mundial en 1966, que ha inventado el fútbol y tiene una de las ligas más poderosas del mundo.

El único aliciente para los “Pross” es que su capitán Harry Kane, con seis tantos, está muy cerca de calzarse la Bota de Oro, mientras que el belga Romelu Lukaku se clavó en cuatro.

Pero a Kane se la ha secado la pólvora desde hace tres partidos, ya que su último gol fue en los octavos de final ante Colombia, 1-1 (4-3 por penales), y tal vez esa sea una de las razones por las que Inglaterra jugó este sábado en San Petersburgo y no el domingo en Moscú.

Los finalistas franceses Antoine Griezmann y Kylian Mbappé, los otros dos aún en liza, les siguen con tres, pero de alcanzar alguno de ellos a Kane en la final seguramente se irá de Moscú condecorado también como el mejor jugador del Mundial.