Cuando uno habla de la actriz venezolana Lisbeth Manrique, parece que hablara de una mujer de mucha edad, pero nada más lejos de la realidad. Lo que pasa es que, cuando se empieza una carrera actoral tan joven, los años van pasando y la historia se va haciendo larga.

Comenzó en las pasarelas de las más afamadas marcas en su Venezuela natal, y quién no recuerda aquellos ojos oscuros que miraban a la lente de manera desafiante en una enorme cantidad de comerciales. Van Raalte, Gloria Vanderbilt, Tropicana, Ufo, Maltin Polar, Casuchi, Viasa, fueron algunas de las marcas de las que fue imagen.

Apenas a su mayoría de edad, ya estaba en el reparto de la primera telenovelas de talla internacional como “Paraíso”, en donde comenzó el ascenso que continúo con “Pasionaria”, “Adorable Mónica”, “Cara Sucia”, “Como Tu Ninguna”, “Dulce Enemiga”, “Cuando hay Pasión”, “Secreto de Amor” y “Voltea pa´que te enamores”, en donde encarnó a la abogada María José Albondón. Luego vino “Vieja Yo”, y “Harina de otro costal”.

Lisbeth también estuvo en proyectos unitarios al lado de los ídolos de los noventa, como Proyecto M y Karina; asimismo, en las tablas, formó parte de de la compañía de la primera actriz Carmen Julia Álvarez y compartió tablas con el ganador del Goya, Miguel Ferrari.

Pero ella no deja su pasión, desde hace unos años se encuentra residenciada en la ciudad de Miami, junto a su hijo y a su esposo, el también actor Carlos D’Arcos, hijo de los ya fallecidos actores venezolanos Paula De Arco y el inolvidable Carlos Olivier.

Esta semana se estrenó con éxito en su más reciente participación en teatro en la ciudad de Miami, con la obra “Dos Viudas y un Difunto“, de José Gregorio Rodríguez, obra que por cierto, abre telón con toda la gira vendida, en Miami, Nueva York y Denver.