La banca dará acceso a terceras compañías a partir de 2018 a los datos y cuentas corrientes de sus clientes si estos así lo autorizan. Esta novedad, que se deriva de la nueva directiva de medios de pagos que entrará en vigor el próximo 13 de enero, permitirá, por ejemplo, que una página web ofrezca a sus usuarios estadísticas de sus ahorros y gastos. Esto no es solo una oportunidad para las «fintech» y por tanto una amenaza para el negocio de los bancos: las propias entidades financieras prevén actualizar sus aplicaciones móviles («apps») para que sus clientes puedan añadir cuentas que tengan en otros bancos.

BBVA, por ejemplo y según ha podido saber ABC, está trabajando ya en el desarrollo de esta nueva funcionalidad. Otras de las principales entidades del país admiten a consultas de ABC que están explorando o explorarán también esa posibilidad. Todos ellos, eso sí, sin una fecha prevista de lanzamiento de este servicio. Lo cierto es que este tipo de función ya ha sido probado en ocasiones anteriores; por ejemplo, Bankinter, entidad con un historial digital relevante, lanzó en 2006 en colaboración con Vodafone un servicio de estas características por teléfono móvil llamado «Agregador Financiero».

La agregación de cuentas de bancos competidores permitiría a un cliente tener todos los movimientos de todas sus cuentas en una misma aplicación. El banco, por su parte, tendría una herramienta más para tratar de fidelizar a sus clientes y, sobre todo, accedería así a datos e información del usuario, siempre que este lo autorice expresamente, que podría resultarle relevante de cara a campañas comerciales.

La aplicación de este tipo más popular en España es actualmente Fintonic

La directiva de medios de pagos regula básicamente la actividad de dos nuevos tipos de proveedores de medios de pago. Uno, esos agregadores de información de cuentasel ejemplo más evidente ahora mismo en el mercado es el de la aplicación móvil Fintonic. Estos proveedores de información podrán recopilar para el consumidor los datos de sus cuentas, pero no operar con ellas. La segunda función que se regula es la de los iniciadores de pagos, una especie de pasarela para por ejemplo el comercio electrónico: una tienda «online» podría desarrollar una especie de terminal de pago digital a través del cual el cliente, sin usar su tarjeta bancaria, solo los credenciales de su banco, autorice a ese comercio a abonarle el importe de la compra en su cuenta bancaria.