Cuando se es la primera empresa de software en el planeta, tanto por cronología como por importancia, es fácil que se tengan sus altibajos: Desde la tardía llegada al Internet y algunos percances con el departamento del tesoro norteamericano en los 90, como la tardía llegada al mercado de los teléfonos inteligentes en años más recientes, que incluyó compara una gran empresa de telefonía móvil y terminar de hundirla (#FanBoyHerido). Concuerdo con el reporte de El Economista, Microsoft, como muchos gigantes en otras industrias, se hizo demasiado grande, lento y conservador como para adaptarse al ritmo tan vertiginoso de los cambios en el mundo de hoy.

Sin embargo, a principios de diciembre superó a Apple en términos de valor de la empresa, cosa que dejó sorprendido a quienes no han estado prestando suficiente atención. No sólo por cómo los vaivenes de la bolsa de Nueva York han golpeado a sus rivales, sino por los cambios corporativos y la renovación en el liderazgo de la empresa que fundó Bill Gates hace poco más de 40 años. Tras el intento de hacer una diferencia en el mercado móvil con Windows Phone (que alguna vez usé y no me da vergüenza decirlo), la escandalosa compra de Nokia para impulsar su propia marca de teléfonos ya que sus socios en ese mercado no estaban tan entusiasmados con el crecimiento de la plataforma, la necesidad de sangre nueva era más que evidente. Así pues, la salida de Steve Ballmer en 2014 fue un punto de inflexión en la compañía.

Y entró Satya Nadella como CEO con casi un lienzo en blanco para reinventar a una compañía grande y atrofiada. Lo primero que hizo fue acabar con la obsesión de mantener su casi monopólico dominio sobre los sistemas operativos de sobremesa y software de productividad. Los tiempos cambian y en la era de Internet, donde toda data es infinitamente replicable a un costo infinitesimal, era el momento de dejar de ver el software como producto y empezar a verlo como servicio. De esta forma, los servicios empresariales y la computación en la nube se han estado convirtiendo en la principal fuente de ingresos de la compañía, es decir, Microsoft empezó a enfocarse en los nichos donde ya eran fuertes y mejoró su oferta para afianzar más su posición.

Además de renovar el liderazgo y aprovechar las fortalezas, la tercera clave del resurgimiento de Microsoft reside en el buen juicio a la hora de hacer adquisiciones. Atrás quedaron los días en los que el gigante de Redmond compraba cualquier negocio que se le antojase, así sea sólo para evitar su crecimiento. Ahora las adquisiciones están enfocadas, nuevamente, a aprovechar las fortalezas y ampliar sus ventajas competitivas.

El ejemplo claro de este criterio esta en la compra de LinkedIn. Microsoft pudo invertir en cualquie otra red social, pudo copier el comportamiento de Google y crear sus propias redes sociales (para que, como Bing, nadie las use), pero la empresa decidió enfocarse en lo importante. En su momento, la decision fue controversial, pero, de todas las redes sociales, la única enfocada específicamente en lo empresarial, precisamente la fortaleza que Microsoft quiere aprovechar, es LinkedIn. Ahora, no sólo aprovechan el rendimiento económico que ha estado generando la adquisición, sino que tienen una información y un espacio de contacto privilegiado para abrir nuevas oportunidades de negocio.

En fin, la fórmula secreta del gigante de Redmond no es ninguna tecnología innovadora, ni siquiera un dispositivo en específico o una línea de producto, sino una reingeniería de sus procesos y un enfoque en las áreas en las que ya tenían un peso importante, incluso renunciando a otras áreas y otras oportunidades que no iban a aprovechar efectivamente. Nuevamente, un liderazgo renovado, un enfoque en las fortalezas y un criterio más centrado a la hora de hacer adquisiciones… a veces no es necesario reinventar la rueda.