Aunque no existe unanimidad en la comunidad científica sobre las consecuencias que tiene en la salud la adicción a los videojuegos, la Organización Mundial de la Salud (OMS) elevará, el próximo año, este desorden a la categoría de problema mental y lo incluirá en la Clasificación Internacional de Enfermedades.

Desde 1990 no se ha realizado una actualización de esta lista de enfermedades. En la próxima edición, la agencia sanitaria de la ONUreconocerá, por primera vez, que este tipo de trastornos obsesivos puden tener graves consecuencias en la salud mental, sobre todo en los jóvenes, y constituye una amenaza para la salud pública.

Para que los videojuegos sean considerados como un problema mental por la OMS estos tienen que tener un carácter prioritario en la vida del usuario e influir negativamente en su comportamiento generando una conducta nociva donde la frecuencia, la intensidad, la duración y la prioridad se concede a las sesiones de videojuego.

Debido a esta actividad, la persona afectada por este tipo de problema de adicción tiene que llegar a perder el control y mantener en el tiempo esta conducta obsesiva que puede ocasionarle desórdenes psicológicos y comportamentales y llegar a convertirse en un verdadero problema de salud mental.

Fué en 2016 cuando surgió la propuesta de incluir a los videojuegos en esta clasificación y la idea fue acogida fríamente por los especialistas en el campo de adicciones comportamentales por considerar que, en el estado actual de la investigación, no podía comprobarse la existencia de esta enfermedad mental existía.

Los expertos afirmaron entonces que sería más adecuado hablar de práctica excesiva en lugar de adicción y precisaron que eran necesario más estudios antes de llegar a considerar a estos trastornos causados por los videojuegos como un problema mental de adicción en adultos, niños o adolescentes.