Detrás de esos registros tan destacados ha habido planes y políticas, no sólo enunciadas, sino perfectamente ejecutadas.

Estas políticas no han sido las únicas determinantes de los modelos de crecimiento que se han ido configurando en uno y otro país, ni tampoco las únicas garantes del éxito actual, pero su papel ha sido decisivo para allanar el terreno y orientar la estrategia de desarrollo en una determinada dirección.

No son políticas que emanen todas de un único plan perfectamente predefinido, ni que puedan ser atribuidas a un único gobierno, sino que son el resultado de una trayectoria consensuada, construida a base de ensayos, errores y correcciones.

Los elementos de este nuevo modelo son los que de alguna forma han hermanado a las dos estrategias (no sólo en sus resultados sino también en su concepción), sin que por ello hayan dejado de ser muy diferentes entre sí, lo cual demuestra que es un modelo exportable a otras latitudes, como América Latina en general, y Argentina en particular.

Diferencias estratégicas

En Irlanda, la estrategia de desarrollo económico ha estado enfocada hacia la captación de capital y tecnología por medio de la importación y, esencialmente, de la inversión directa, estableciendo con ello un modelo de crecimiento netamente orientado hacia afuera.

En los últimos años, se ha logrado superar las expectativas más optimistas bajo el paraguas de esta estrategia, convirtiendo a Irlanda en uno de los principales destinos del capital productivo internacional.

Esa estrategia ha transformado a Irlanda en el quinto país aceptante de inversión extranjera directa de toda la Unión Europea y en el séptimo del mundo en el total de inversión extranjera directa recibida.

Si bien, buena parte de estos flujos ha tenido un carácter netamente financiero, la repercusión de la inversión extranjera directa sobre el aparato productivo y, concretamente, sobre el desarrollo de nuevas líneas de producción intensivas en tecnología ha sido indudable.

En la actualidad, el capital extranjero contribuye a generar más del 33% de los puestos de trabajo de la economía.

En el sector manufacturero da empleo a casi la mitad de los trabajadores y en los servicios a uno de cada tres, mientras que en los servicios internacionales su aportación supera el 66%.

Cuando analizamos este modelo y colocamos la plantilla de diseño estratégico sobre la Argentina, vemos por un lado que la dirigencia empresaria argentina promovió un modelo similar al indio, relacionado con el precio y no con la calidad de los servicios.

No resulta extraño que el colectivo de empresarios tecnológicos, a la hora de establecer una estrategia copiaron la circunferencia de su ombligo y se quedaron observado como acumulaban pelusa gracias al bajo precio de los recursos que pretendían pagar.

Tenga en cuenta estimado lector que el sueldo mínimo de Irlanda es más del doble que en India, y ciertamente nadie discute hoy en día la capacidad productiva de Irlanda en lo que se refiere a software y servicios informáticos.

En Argentina, tenemos un colectivo empresario representado por la CESSI, una cámara con influencia real en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que ha errado sistemáticamente con las estrategias que ha planteado para el desarrollo de la industria.

Esgrimen que la industria ha crecido, pero si comparamos el crecimiento local con el desarrollo global, nos damos cuenta de que la industria viene decreciendo año a año y los guarismos de crecimiento que muestra la Cámara, son irreales, porque no se comparan a escala global.

La pérdida de influencia en la industria y en el gobierno que ha demostrado la CESSI, es una clara oportunidad para plantear un modelo de desarrollo sustentable diferente, que agregue valor a la industria y genere el número que Argentina realmente puede aspirar en el campo tecnológico.

Nuevos actores se posicionan en el ecosistema que nos debe conducir a ser protagonistas de la economía del conocimiento.

Es hora de escuchar y renovar las esperanzas, con nuevas ideas y nuevas estrategias que nos saquen del estado en el que hemos quedado.

Hace pocas horas, Argentina ha sido calificada como mercado emergente, saliendo de la dura calificación de mercado fronterizo, espero que las autoridades hagan lo correcto y planteen una estrategia a 30 años, lejana al consejo de la CESSI.