El secreto no está ahora en la masa. Está en la salsa que empiezan a recibir algunos de los teléfonos móviles más punteros del mercado, la Inteligencia Artificial. Su introducción ya es un hecho en estos dispositivos. Gracias a estos sistemas, el aparato electrónico más revolucionario de los últimos años sobrepasa a una nueva dimensión cuyo objetivo es doble: cambiar la interacción humano-máquina y «aprender» de nuestros comportamientos.

Todo un desafío para una industria esforzada en cambiar los hábitos de los consumidores. Y Huawei pretende hacerlo posible. Su nuevo terminal, el Mate 10, viene precedido de ese impulso en acercarse a la mente humana. Lo que hace posible esa «inteligencia» es su potente corazón. Llamado Kirin 970 es, sobre el papel, uno de los procesadores más avanzados del mercado.

Con ello se convierte, de facto, en el primer «smartphone» en contar con un sistema de aprendizaje neuronal. El chip está fabricado con 8 núcleos en la CPU, 12 núcleos en la GPU y un desarrollo de llamado NPU –Neural Network Processor Unit– que resulta veinticinco veces más potente y cincuenta veces más eficiente en el reconocimiento de imágenes. Con ello se suma a la corriente que propone que la próxima generación de teléfonos móviles sean mucho más inteligentes al intentar emular el sistema neuronal del cerebro humano. En este caso, donde más aplicaciones tiene la IA es en la cámara. Con solo apuntar, por ejemplo, un plato de comida, el sensor fotográfico es capaz de detectar y saber que se trata de alimentos, ajustándose a las condiciones de luz, modo de captura y tipo de disparo para lograr una fotografía más óptima.

Lo que pretende lograr este concepto de «smartphone» es dejar a un lado el comportamiento clásico de los ordenadores -recibir una instrucción y realizarla según su programación- para aventurarse en un nuevo escenario, ajustarse, modificar y devolver una actividad después de ir recibiendo impulsos diferentes. Es decir, «aprender». Grandes firmas del sector como IBM, Apple, Google o Microsoft han trabajado desde hace varios años en aplicar modelos de «machine learning» -aprendizaje automático- y más recientemente «deep learning» -aprendizaje profundo-. La gracia de todo esto es que se cambia el patrón de entrenamiento de las máquinas. Por regla general, un ordenador se comporta en función de su código de programación registrado.