China, esa gran factoría de construye todo lo que se pueda imaginar por un precio asequible, ha pasado de mera productora a ideóloga de sus propios productos, revelándose como un rival autosuficiente a batir que ya no solo se limita a ser la fábrica del mundo. Este hecho ha propiciado por parte de grandes multinacionales como Apple, Google o Samsung la búsqueda de nuevos lugares en los que asentar su producción, y han encontrado la ubicación perfecta en India. Pero este país emergente (con la tercera economía más grande del mundo y la sexta en términos de PIB nacional) cuenta con el mercado interno, la tecnología y la capacitación de mano obra suficiente para convertirse en un nuevo competidor en el juego. Y está por la labor de aprovecharlo.

La República de la India cuenta con más de 1.300 millones de personas y es la segunda nación más poblada del planeta. A pesar de tener la Constitución más antigua de todos los estados actuales (data de 1951), sus gobiernos se centraron en medidas proteccionistas hasta principios de los 90, cuando India se abrió al mundo. «En las últimas décadas, sus políticos han tenido claro que favorecer el desarrollo de la tecnología era algo primordial, y muchas empresas, tanto indias como internacionales, han sacado partido a esta oportunidad», explica Rubén Campos, analista del Real Instituto Elcano y experto en Asia del Sur.

Una de estas medidas fue el programa «Make in India» (un juego de palabras con el «Made in China», al que aspiran convertirse), creado en septiembre de 2014 y que tentaba con ventajas fiscales a las empresas que quisieran instalarse en este país. El objetivo era la creación de empleo y la mejora de la economía en general, aunque la atracción de inversión tecnológica en India era uno de sus principales pilares.

Un año después se convertía en el primer destino a nivel mundial para la inversión extranjera directa, por delante de EE.UU. y China. Por ejemplo, Foxconn, una de las principales empresas de producción de dispositivos electrónicos y que trabaja con firmas como Apple, Samsung, Amazon o Acer, anunció la apertura de más de una decena de nuevos centros repartidos por todo el país. Por su parte, Lenovo se introducía en ese mercado a través de Flex, desde donde iniciaría la producción de sus teléfonos móviles en el goloso mercado indio, que se sitúa como el segundo país donde más smartphones se compraron en 2017.

En 2015, India se convirtió en el primer destino a nivel mundial para la inversión extranjera directa, por delante de EE.UU. y China

Una clase media con ganas de comprar

Las grandes multinacionales no se han fijado solo en India por su mano de obra barata. En un momento en el que, a pesar del lanzamiento continuo de terminales con cada vez más avanzadas prestaciones, China, ese gran mercado que impulsa las ventas del gigante Apple (entre otros muchas firmas), empieza a vislumbrar su techo. «La ralentización de este país ha provocado que muchos fabricantes tengan como objetivo a India como próximo mercado de gran crecimiento para los smartphones», vaticinaba Kiranjeet Kaur, analista de la consultoría de mercados IDC.