Hay veces que las mejores cosas pasan casi desapercibidas. En la tecnología sucede, a menudo, que algunas de las mayores aportaciones a la innovación son silenciosas, no llaman demasiado la atención y resultan casi invisibles.

Con forma de bote de crema facial o de un tapón de grandes dimensiones, este invento es lo que un router siempre debió ser por diseño, por potencia y por prestaciones; un aparato distribuidor de redes inalámbricas pero con aspectos para la pesonalización.

Google Wifi es un pequeño dispositivo que, gracias a la tecnología OnHub, es capaz de proporcionar una cobertura inalámbrica mejorada y fiable para los hogares, independientente de donde se encuentre.

Su mejor aspecto es que logra replicar la señal a cualquier parte de la casa, permitiendo, además, que el usuario pueda decidir en qué regiones y zonas se refuerza la señal. Di diseño minimalista, es un artilugio útil y práctico que puede pasar desapercibido dado que ha desembarcado en España al mismo tiempo que Google Home, el altavoz inteligente del gigante de las búsquedas.

Y la tarea de hacerlo es sencilla. Los usaurios pueden consultar fácilmente desde una aplicación los dispositivos que están conectados y cuánto ancho de banda consumen. Con ello, se puede priorizar la señal de mayor velocidad para el dispositivo que más necesite en determinado momento. Es decir, se redistribuye mejor la Wifi.

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Esto suple uno de los problemas más habituales de los routers tradicionales, que manda la señal independientemente de la naturaleza de la vivienda. Se coloca en el salón, por ejemplo, y listo, pero a veces veces los routers fallan y provocan que existan zonas donde la conexión no llega. Y esto es algo frustrante. Frustrante para el Primer Mundo, evidentemente, pero la necesidad de internet es cada vez mayor en los países desarrollados.

Otro de sus aspectos más interesantes es que da la posibilidad de compartir la contraseña del Wifi de manera rápida y sin complicaciones. La situación es muy visual: viene algún amigo o familiar a casa y te pide, cómo no, tener acceso a la red inalámbrica. Ya no podemos vivir sin internet, así que se le da, pero la tarea normal en los routers tradicionales es consultar las claves o bien en la caja o bien debajo del dispositivo.

 

Es cierto que muchas personas la cambian, algo que debería ser lo habitual para mejorar su seguridad, pero gran parte de los consumidores optan por dejar la que viene de fábrica. Y eso es posible que dificulte su memorización. Pues bien, con Google Wifi se puede compartir esta información desde la propia «app» del terminal móvil asociado.

Además, incluye una serie de configuraciones para la familia que permiten administrar el tiempo que los niños pasan conectados, por ejemplo pausando la señal durante la hora de la cena o la hora de dormir, consultar el consumo de datos, así como administrar varios dispositivos haciendo «streaming», descargas o compartiendo contenido multimedia. Otro de los mejores aspectos es que dada su naturaleza, el router se actualiza con todas las mejoras y protocolos de seguridad. Precio: 139 euros.