Google fue noticia hace algunos días por su presunta intención de reinsertarse en el mercado chino a cambio de cambiar sus políticas de contenidos ofreciendo una versión censurada y coordinada con las autoridades de dicho país.

Las reacciones no se hicieron esperar luego de la información ofrecida por el portal The Intercept, que señalan la creación de un plan corporativo denominado “Dragonfly” que estipula el retorno a sus operaciones en China pero dando su brazo a torcer con el visto bueno para la creación de un buscador adecuado a los estándares progobierno, precisamente el elemento que generó el corte de relaciones comerciales entre ambos en el año 2010.

En las horas siguientes de conocerse la noticia, muchas  han sido las manifestaciones de rechazo ante la posible medida. Desde grupos defensores de los derechos humanos y personalidades ligadas al periodismo y la libertad de expresión han elevado su voz condenando este tipo de prácticas.

The Intercept también informó que puertas adentro de la compañía también existe mucho descontento con un creciente número de empleados en el mundo que han expresado su ira por las pruebas para adaptar su motor de búsqueda a los requisitos de la censura en China.

Citando fuentes de la compañía, el mismo portal especializado señaló que el grupo cerró a los empleados el acceso a los documentos relacionados con el proyecto “Dragonfly” después de las referidas  filtraciones a la prensa.

No es la primera vez que Google debe afrontar una situación como esta. Miles de empleados de la compañía firmaron meses atrás una carta en la que reclamaban “quedar por fuera del negocio de la guerra”, aludiendo a un contrato entre la compañía y el Pentágono. A raíz de esa protesta, el grupo se comprometió a comienzos de junio a que sus trabajos en materia de inteligencia artificial no sean nunca empleados en la fabricación de armas.

Una nota de la agencia internacional AFP corrobora los sucesos, ya que un trabajador de Google confirmó que la compañía californiana estaba ensayando un motor de búsqueda que cumple con los requisitos de las autoridades chinas, para disgusto de los empleados de la firma y de activistas de derechos humanos.

“Hubo un silencio total de la jerarquía, lo que hace que mucha gente se sienta descontenta y asustada”, señaló un empleado que no quiso revelar su nombre.

“Furiosa” fue la palabra que utilizó el trabajador a la hora de definir el estado de las personas y el ambiente interno dentro de la compañía.

La agencia AFP trató de contactar al gigante tecnológico para conocer su versión de los hechos pero menciona que no recibió respuesta.

Un reporte de la agencia Bloomberg a su vez indica que Google está en negociaciones con Tencent y otros grupos de China para proponer sus servicios en Pekín a través de data centers y servidores de empresas chinas, con el fin respetar las exigencias del gobierno del país asiático, que pretende que los datos permanezcan almacenados en su territorio.

Al no contar con data centers en China, Google debe asociarse con empresas nacionales, agregó la agencia de informaciones financieras.