Desde Rusia con amor se podría titular esta película. Las supuestas conexiones entre el país y el gobierno de Donald Trump tienen otro episodio más de esta novela inacabada por el momento. En plena ebullición de las llamadas «fake news» o noticias falsas, Facebook tiene algo que decir. Y puede que agite los cimientos de la lucha por la verdad. La red social ha confirmado que cuentas falsas vinculadas a Rusia compraron miles de anuncios durante las elecciones EE.UU. Es decir, pagaron por influir en los electores.

Dado que la plataforma alberga más de 2.400 millones de seguidores en todo el mundo (236 millones de ellos residentes en territorio norteamericano), no se puede obviar su indisoluble capacidad para mostrar resultados y anuncios teledirigidos que puedan afectar a la percepción social.

La difusión y propagación de contenidos falsos (o, como mínimo, sesgados) a través de un servicio que genera tantas visitas diarias se ha convertido en una batalla que las compañías tecnológicas están dispuestas a librar, aún a riesgo de perder y sin muchas opciones.