Como era de esperar, la confirmación por parte de Apple de que las actualizaciones de software ralentizan el rendimiento de los anteriores modelos ha desencadenado una batería de demandas contra la compañía de la manzana. Los primeros han sido dos grupos de consumidores en Estados Unidos, que han llevado el caso ante las cortes federales de Chicago y Los Ángeles.

Los primeros, afirman que la limitación de la velocidad de los iPhone 5, iPhone 6 y algunos iPhone 7 se han llevado a cabo «intencionalmente» para inducir a los clientes a comprar dispositivos más nuevos, tal y como recoge el diario Bloomberg. Malos tiempos para Apple, que ve cómo bajan las estimaciones de venta de su último modelo, el flamante iPhone X, tras una preventa que ha superado todas las expectativas pero que no parece aguantar los más de 1.000 dólares (precio parecido en Europa) con los que salió a la venta -y que lleva en las tiendas desde este mes de diciembre-.

La segunda de las demandas afirma que, con esta práctica, Apple viola un contrato implícito por el que la compañía no debe interferir con el uso o la velocidad de sus dispositivos una vez se ha realizado la compra por parte del usuario final, por lo que piden que se les reemplacen sus terminales y se les indemnice por la pérdida de valor y de uso de sus móviles antiguos.

Aunque la compañía de Cupertino se escuda en que esta actualización es necesaria, ya que «reduce las interrupciones inesperadas» y adecúa los requisitos de las baterías degradadas por el tiempo evitando «apagones», las asociaciones de consumidores demandantes afirman que Apple «ignoró deliberadamente» que este problema podría ser remediado reemplazando este componente.

Tienda Apple en Puerta del Sol

Quejas de los usuarios españoles

«Nos parece, por lo menos, sospechosa la jugada de Apple», afirma Rubén Sánchez, portavoz de Facua, organización que se ha hecho eco de la noticia y que ya ha recibido mensajes a través de las redes sociales y vía email de sus socios. «El argumento de la compañía no convence y tenemos la sensación de que esta acción podría enmarcarse dentro de la obsolescencia programada con la que las empresas tecnológicas diseñan sus dispositivos».