Cosas de la vida. Hace un año, las criptomonedas eran el inevitable futuro de la economía global, la panacea. Un Bitcoin valía, en el mercado, alrededor de 20.000 dólares. Todos querían una parte del pastel, por lo que el uso de tarjetas gráficas para minería causó una enorme venta y una bestial subida de precio en el preciado componente. Hoy, con el Bitcoin en torno a 4.000 dólares, la burbuja desinflada y la minería no tan lucrativa, las criptomonedas pasan a ser la explicación fácil y directa de bajas ventas y caídas en la bolsa de valores. El tema es que achacarle todo a esto, como hace el titular del reporte de HardZone, deja por fuera algunas otras variables más delicadas, más humanas, y, por tanto, más complicadas.

Tanto NVidia como AMD reportan un descenso de 16% en la distribución de tarjetas gráficas en comparación con el año pasado, aunque la distribución de procesadores gráficos (componente de las tarjetas) haya aumentado 4,3% y 6,5% respectivamente del segundo al tercer trimestre del presente año. El asunto es que el mercado tiene una saturación de demanda de tarjetas gráficas dedicadas y, tanto el equipo verde como el rojo, tienen que lidiar con ese problema.

Parte del asunto fue causado por ellos mismos, especialmente el caso de NVidia: El pico de demanda por el tema de la minería hizo que el quipo verde proyectara una mayor venta de sus tarjetas gráficas, lo que, por supuesto, les hizo producir más. De hecho, la caída en las acciones de NVidia en la bolsa de valores tiene más que ver con este desacierto en las proyecciones que con alguna pérdida económica seria, pues, además del negocio de Unidades de Procesamiento Gráfico (GPU, por sus siglas en inglés), el equipo verde tiene importantes negocios en el tema de inteligencia artificial, procesadores para vehículos y computación en Data Centers, así que sus números están relativamente sanos. Pasa lo mismo con AMD, que, aunque no fueron tan agresivos con las proyecciones, su enfoque en el desarrollo de procesadores de 7 nanómetros, tanto en el procesamiento general, como en el procesamiento gráfico, ha mantenido más que suficiente sanidad en la economía de la empresa.

A esta producción agresiva que las empresas tuvieron a principios de año, se suma el inventario de tarjetas gráficas de segunda mano, esas de los mineros que ven ahora un mejor retorno de inversión en el desarmado de sus máquinas y venta de sus componentes (también producido por el surgimiento de máquinas de minería dedicadas, que son mucho más eficientes que las tarjetas gráficas). En fin, ahora es posible conseguir una tarjeta gráfica del tope de gama de la generación anterior (AMD RX 480 o NVidia GTX 980), de segunda mano, por menos que una de gama media de esta generación.

¿Quiénes salen ganando con todo esto?

Definitivamente, los gamers, los entusiastas, aquellos que las pasaron negras hace un año para ensamblar sus propios equipos, ya que la tarjeta gráfica se iba a comer su presupuesto de ensamblaje completo. Esta es una excelente época para quienes quieren embarcarse en esta aventura de armar un equipo para juegos o una potente, pero económica, estación de trabajo.

¿Y qué de las empresas?

Ambas han estado haciendo sus respectivos ajustes. NVidia no la ha estado pasando bien con su serie RTX 20, pues la tecnología de Real-Time Ray Tracing aún está bastante cruda y aún no hay suficientes juegos que la aprovechen… pero es un asunto de tiempo a que la tecnología llegue a su madurez.

AMD, por su parte, sigue agitando el mercado. Ya presentaron sus procesadores profesionales de 7 nanómetros y se espera que esto llegue al consumidor a mediados de 2019, esperemos estar hablando de los Navi en un año.

¿Y las criptomonedas?

Bueno, aún hay mucho que aclarar ahí. La tecnología detrás de ellas, el BlockChain, tiene mucho potencial, pero mientras no se estructure un ecosistema de consumo, en el que puedan cambiarse por bienes tangibles, su papel no irá más allá de la especulación financiera… y una demasiado volátil para el gusto de un servidor.