Los altavoces inteligentes es una de las tecnologías más en boga en la actualidad. Prometen una nueva forma de interactuar con los aparatos electrónicos domésticos. Pero, pese a sus encomiables virtudes, han despertado las dudas de los defensores de la privacidad al considerar que su filosofía de estar «permanentemente escuchando» para poder actuar puede derivar en un problema.

Y no es para menos, puesto que cada vez que se conoce alguna anécdota se incrementan aún más sus miedos. Si no que se lo digan a una familia de Portland (Oregón, Estados Unidos), que ha denunciado que el asistente digital Alexa, un software de voz utilizado por los altavoces inteligentes Echo de Amazon, transmitió una conversación privada a un contacto.

El gigante del comercio electrónico, el mayor vendedor en estos momentos de este tipo de aparatos tecnológicos, ha defendido que es «improbable» que el dispositivo enviara un archivo de audio a uno de los contactos agregados al azar y que sus altavoces no están almacenando o grabando el audio constantemente.

En declaraciones a la cadena local «Kiro 7», que emite desde Seattle, sede de la multinacional norteamericana, el denunciante, una mujer identificada como Danielle, ha asegurado que recibió una llamada del empleado de su esposo después de que recibir una conversación que había mantenido con su pareja acerca de «pisos de madera».

«Me sentí invadida», lamentó la afectada. «Es una invasión total de la privacidad, pensé», relató la mujer, al tiempo que prometió que «nunca volveré a enchufar ese dispositivo, porque no puedo confiar en él». El operario ha confirado este suceso en declaraciones al medio especializado «The Verge».

De ahí que se plantearan los posibles problemas de tener en el hogar un aparato que está «escuchando» y procesando las conversacionesquese producen a su alrededor durante todo el día. Este episodio, sin embargo, puede poner de relieve cómo estos asistentes digitales, y en especial Alexa, pueden malinterpretar la conversación como una llamada o una instrucción concreta.

Este software de voz, que se incluye en los dispositivos Echo, está programado para iniciar su actividad desde el momento en el que se pronuncia su nombre («Alexa»), que se trata del término clave para activarse. Lo que puede provocar a que si el sistema escucha de fondo un enunciado como «Alex» puede confundirse y activar, incoscientemente, el dispositivo sin reparar a que, a partir de entonces, puede ofrecerle comandos de voz para que actúe en consecuencia.

En un comunicado oficial, Amazon alega, precisamente, esta situación al defender que el altavoz interpretó un nombre personal como «Alexa» y, posteriormente, escuchó la solicitud de «enviar mensaje». De cara a evitar situaciones similares, la compañía ha adelantado que se encuentra «evaluando opciones para hacer que este caso sea menos habitual».