Felix Richter

Hace dos semanas, el 29 de marzo, Apple lanzó iOS 11.3, la última versión de su sistema operativo móvil iOS.  Fue solo una actualización menor de iOS 11, pues iOS 12 se lanzará a finales de este año-. La revisión estuvo acompañada de los habituales dolores de cabeza, es decir, usuarios quejándose de errores y otros problemas.

Si bien Apple preferiría que sus usuarios no tuvieran ninguna queja, la reacción habitual después de lanzada una nueva versión de iOS indica que sus usuarios están actualizando sus dispositivos rápidamente. Esta es una gran diferencia entre el ecosistema móvil de Apple con Android.

Quien compra un nuevo iPhone puede contar con un nuevo software por al menos un par de años. Los usuarios de Android, por otro lado, a menudo se quedan con la versión que viene preinstalada con su dispositivo, ya que muchos fabricantes no se molestan en implementar actualizaciones de Android para sus usuarios.

Como se muestra en el siguiente gráfico, el 93 por ciento de los dispositivos con iOS ejecutan alguna versión de iOS 11 (originalmente lanzada en septiembre de 2017) o iOS 10 (septiembre de 2016).  Por otro lado, la última versión de Android, Oreo, está instalada solo en el 1 por ciento de todos los dispositivos activos, mientras que 4 de cada 10 dispositivos funcionan en un sistema que tiene más de tres años.

Como consecuencia, los desarrolladores de aplicaciones iOS encuentran un campo de juego bastante unificado, mientras que los desarrolladores de Android tienen que trabajar con un sistema profundamente fragmentado.

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