¿Puerto Rico sin plan logístico ante desastres naturales?

David Cruz Marrero observa las olas en el muelle de Punta Santiago antes de la llegada del huracán María, de categoría 5, que amenaza con sacudir la región oriental de la isla con fuertes vientos, en Humacao, Puerto Rico, el 19 de septiembre de 2017. (AP Foto/Carlos Giusti)

Siempre escuchamos que los momentos más dolorosos resaltan nuestra humanidad. Hay quienes afirman que las mejores expresiones artísticas germinan en medio de la tragedia. Borges por su parte nos muestra con Funes la desgracia disfrazada de bendición que supone la memoria. Vivir para recordar hizo que ese uruguayo imaginario perdiera la capacidad de pensar.

Así como los trotes de un caballo precedieron a la memoria de Funes, los desastres preceden a la súbita hermandad creada por la necesidad. Las diferencias pasan a un segundo plano, prima la solidaridad y el fervoroso deseo de superar ese obstáculo que nos pone a prueba como humanidad.

No importa cuántas series apocalípticas se haya consumido, la necesidad siempre superará a la ficción. La naturaleza es capaz de mudar el presente convirtiéndonos en protagonistas del circo de Donoso, redefiniendo nuestro concepto de normalidad. Así la devastación se transforma en papel litmus, que sustituye la acidez por la capacidad y preparación, de esos servidores públicos que con mucho sacrificio logran ser elegidos democráticamente para representar el sentir de sus electores.

La desesperación de que impera en el ambiente sirve para ver cómo estos elegidos reaccionan ante los pedidos de ayuda, que abundan durante una desgracia. Porque en la necesidad la magia del carisma o la esperanza de las promesas se va erosionando con el paso del tiempo. Sin planes de contingencia que prevean problemas logísticos en el envío de comida, medicina y cualquier tipo de ayuda, el apoyo a cualquier líder tiene sus días contados.

 

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