«Project Cars 2»: más destreza al volante, mismo espectáculo visual

La segunda entrega del videojuego de conducción le complica la vida a los jugadores ocasionales con un nivel de exigencia mayor

Pese al título, que nadie se lleve las manos a la cabeza. Sí, es la segunda entrega del juego. Sí, va de coches y carreras. Pero todo lo que gira a su alrededor se siente tan nuevo que parece un videojuego totalmente distinto. Ha mutado. Ha cambiado de piel, aunque conserva algunos aspectos como su apartado visual. «Project Cars 2» supone una verdadera vuelta de tuerca.

Se ha renovado al completo. Absolutamente todo se ha tocado, con la salvedad de la reproducción de los vehículos, los cuales siguen representando un notable nivel de detalle. Iluminación, reflejos, texturas y colores es una oda al volante. La belleza de las líneas de estas máquinas de 500 o 600 cv es verdaderamente asombrosa pese a algunas sombras extrañas- Con ello, el juego logra mantener en cierta medida el pulso contra «Forza Motorsport 7», otro de los títulos de carreras recientes y con el que tendrá que pelear duro.

En total, el juego incluye unos 180 vehículos distintos pertenecientes a 30 marcas (Ferrari, Ford, Audi, BMW, Mercedes, Mitsubishi…). Todos se encuentran libres de cargas. Están disponibles desde el inicio. Se distribuyen en nueve categorías, las cuales se pasean entre el Indycar, GT4, los clásicos, rallycross… En cuanto a los escenarios, son 60 la pistas (139 trazados) las dispuestas a quemar rueda. Pero donde más empeño se ha puesto es en la jugabilidad. A grandes rasgos, el juego ha girado hacia una mayor dificultad. Así se siente en cada situación. Desde la salida uno ya se da cuenta que ganar no es lo único. La diversión queda en un segundo plano porque todo se envuelve en destreza, precisión y control al volante.

Esta cuestionada decisión de llevar al extremo la simulación y el realismo en carrera tiene su contrapartida; puede expulsar al jugador que se deja caer de vez en cuando. Pero gracias a este cambio en el planteamiento el juego se convierte, de sopetón, en un verdadero y constante desafío que lleva al jugador a pensar más en la táctica y en hacerlo bien antes de pisar al fondo el acelerador. No se trata de una cuestión puramente de velocidad punta; es un reto mayor, el de convertirse en un buen piloto.

De nuevo, la climatología dinámica, una de las grandes aportaciones de la primera entrega, tiene mucho peso en la conducción. Se ha reforzado, logrando con ello nuevas variantes y sugerencias. El estado de la pista, con ello, se convierte en un mundo por explorar, ya que afecta al rendimiento, la visibilidad y el agarre. Es un elemento que juega contra el propio sistema. Porque en lo que se refiere al sistema de pilotaje, la verdadera gracia de todo esto, es necesario destacar que requiere de paciencia y gran precisión para controlar a los bólidos.