El hombre que modernizó a Intel pero no supo entrar en el boom del «smartphone»

Paul Otellini, que murió a los 66 años tras una vida dedicada a Intel, compañía que dirigió hasta su jubilación en 2013, ayudó a Apple a adoptar a sus microprocesadores en los ordenadores propio, así como la introducción de conceptos como el ultrabook

Fue un hombre clave en la evolución de una compañía que presumía de ser la mayor en lo suyo. Gracias a su empuje y visión, Intel pasó de ser un mero fabricante de microproesadores a convertirse en un gigante con diseños transversales e integrales de cara a hacer frente a la nueva era de los dispositivos electrónicos. Paul Otellini, durante ocho años consejero delegado de la multinacional americana, ha muerto a la edad de 66 años.

De origen italiano, se graduó en St. Ignatius College Preparatory y en economía en la Universidad de San Francisco en 1972. Estuvo al frente ocho años, un tiempo más que suficiente como para poder transformar, en parte, a una de las empresas necesarias y que juegan un papel muy importante en el desarrollo de la industria. Se centró, entre otras cosas, en el desarrollo de chips centrados en el consumo eléctrico.

Reorganizó, de esta forma, a la compañía en torno a plataformas en lugar de chips, su negocio más solvente. Pero si pasará a la historia por algo es por ser la persona que ayudó a Apple a adoptar a sus microprocesadores en los ordenadores propio, así como la introducción de conceptos como el ultrabook. Además, fue el responsable de la unidad de procesadores cuando se presentó el procesador Pentium en 1993.​

Fue consejero delegado entre 2005 y 2013, momento en el que cedió el testigo al actual responsable, Brian Krzanich, quien ha decidido apostar por los negocios en la «nube», la Inteligencia Artificial, la realidad virtual o los coches autónomos. Durante este periodo surgieron los dispositivos móviles y la computación en «nube». Dos tecnologías que sacudieron tanto a los negocios de consumo de Intel como a su división de negocio. Esa transformación de la compañía dio de lado a los teléfonos móviles, en donde no ha tenido presencia. Pero a pesar de las oportunidades perdidas, la empresa fue tremendamente rentable bajo su supervisión. De hecho, gracias a su visión empresarial Intel logró pasar de 35.000 millones de dólares de beneficios a 53.000 millones. No obstante, fue artífice de la mayor ronda de despidos en la historia de Intel (2006) cuando se deshizo de 10.500 empleados (el 10% de la plantilla entonces).