El hombre que aspira a acabar con el mail en la empresa

Stewart Butterfield, multimillonario emprenedor canadiense y consejero delegado de Slack, creó en 2013 la herramienta colaborativa para el mundo de la empresa, una batalla a la que también se ha sumado Microsoft

La de Stewart Butterfield no es la clásica historia de joven ingenioso que se hace multimillonario antes de los treinta porque su cerebro exprimió una idea en un garaje. Silicon Valley, la cuna de la tecnología, ha potenciado esa visión de la mercadotecnia. No siempre es así. Es más, muchos ejemplos de proyectos que funcionan no surgieron bajo esa premisa. Slack, servicio digital colaborativo, ha logrado introducir en la empresa actual nuevos procesos

Es hacer de la necesidad, virtud. Y lo ha conseguido. No hay más que fijarse en la aparición de otros proyectos similares que buscan servir al entorno laboral en la gestión, administración y toma de decisiones. Uno de los más recientes es Teams, de Microsoft, con el que el gigante del software quiere hacer de las suyas por medio de su propio invento dirigido, principalmente, al entorno laboral. Puesto que la firma americana es uno de los señores de el ecosistema empresarial, no era de extrañar que en algún momento lo intentaran por medio de una aplicación de gestión.

Slack es producto de la casualidad. De la necesaria (y práctica) técnica de la prueba y el ensayo. Su embrión se encuentra en un entorno que, a priori, nada tiene que ver con su filosofía original. El multimillonario emprendedor puso en marcha con antelación dos videojuegos, primero Game Neverending (juego de rol masivo multijugador «online») y luego Glitch, que le ayudaron a obtener una experiencia de uso, necesaria para montar la «app», actualmente con registros de más de 5 millones de usuarios.