Facebook, Twitter y Google tienen que hacerlo mejor con las «fake news»: sí o sí

Los controles de verificación y revisión de los contenidos vuelven a fallar durante la masacre de Las Vegas, un escenario en el que la combinación de equipos humanos y sistemas informáticos debe ser más fuerte para evitar agrandar esta lacra digital

Vivimos en la sobreabundancia de información. Todo está a un segundo de distancia. Gran parte del conocimiento heredado de siglos de existencia está al alcance de cualquiera a través de internet. Si buscas bien acabas por encontrarlo. Las redes sociales, por su parte, han sabido generar un lucrativo negocio gracias a los datos de sus usuarios. La empresa perfecta. Quién pudiera habérsele ocurrido tal cosa y forrarse antes de los treinta. Servir en bandeja un contenedor de imágenes, comentarios y publicaciones de terceros de manera gratuita, generar una necesidad y aprovecharse de la inocente capacidad de los usuarios que deciden colgar ese material. Perfecto. Redondo. Ingenioso.

Pero las redes sociales y los servicios digitales más populares se enfrentan a su gran crisis, la pasiva y despreocupada actitud para equilibrar la balanza de las llamadas «fake news», una de las mayores lacras de su actividad. Lo han intentado, pero deben hacer un esfuerzo mayor. Uno de los primeros capítulos de esa desventura arranca en el momento en el que, hace un año, Facebook, la mayor plataforma del mundo (administra 2.000 millones de usuarios), tuvo que echar para atrás los planes iniciales en su estrategia de revisión.

Después de su primera polémica, la multinacional americana reconoció que sus sistemas informáticos y algoritmos no habían sido lo efectivos que se esperaba en la detección y contención de los bulos y noticias erróneas. En su lugar, y llamando a la calma, anunció que contrataría a miles de revisores (personas), supuestamente con mayor criterio para decidir qué contenido es apto o no. Entonces, ¿ha fallado la inteligencia artificial en esta materia? ¿Aún no estamos preparados?

En plena vorágine de los acontecimientos, los principales servicios digitales (Google, Twitter, Facebook…) han sido llamados a comparecer en el Congreso de los Estados Unidos para declarar sobre su papel en las pasadas elecciones presidenciales en las que, recordemos, salió elegido entre polémica Donald Trump. Se ha perturbado el propio sistema, y las firmas tecnológicas son conscientes. Facebook lo sabe, por eso asume su responsabilidad en la trama rusa en la que miles de cuentas atribuidas a grupos rusos contrataron publicidad para intentar influir en los usuarios. Fueron unos 3.000 anuncios, que llegaron, ojo, a diez millones de usuarios. Posiblemente, muchos de ellos electores. Algo parecido le sucede a Twitter, la red de «microblogging» por excelencia (328 millones de usuarios), que ha tenido que suspender unas 200 cuentas.